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Las voces del siglo: Vicentico Valdés y su Orquesta
Por Oni Acosta Llerena
Entre la riqueza de la música popular cubana de todos los tiempos, está la obra de Vicentico Valdés, uno de los exponentes más sobresalientes de nuestra historia musical.
Enmarcado en la década de los años 40, Valdés se da a conocer en estos años dentro del bolero a nivel internacional y lo haría de manera definitivamente en el gusto del pueblo cubano. Ya en 1944 Vicentico viaja a México, donde canta con varias orquestas y comienzan sus primeras grabaciones con la firma Peerless. Fueron decenas de piezas, casi todas de música movida, como guarachas y sones y es curioso pues aún en esta etapa no se había decidido a cantar boleros a plenitud, sino que los incluía de manera fortuita a su repertorio.
Años más tarde viaja a New York, ciudad norteamericana donde se desarrolló una proporción importante de la música cubana y allí labora para la importante disquera norteamericana Seeco, de la que fue productor. En esa ciudad es de destacar la presencia de una gran población puertorriqueña, fervorosa y ávida consumidora de nuestra música, lo cual hizo posible la gestación de una explosión musical en la que participaban tanto músicos y orquestas boricuas y cubanas. Ello permitió el desarrollo de grandes músicos y cantantes, como Chico O' Farrill, Mario Bauzá, Panchito Riset, Orlando Vallejo, Antonio Machín o el Conjunto Caney, de Fernando Storch, por sólo mencionar algunos de los más destacados.
Vicentico trabajaría en New York con dos de las más importantes orquestas puertorriqueñas, la de Noro Morales (1947) y la del célebre pailero Tito Puente (1949). A comienzos de los 50, realizó varias grabaciones con ellos, en las que ya los boleros en su repertorio tenían mayor presencia; también versiones de canciones de otros países, como La vie en rose: una costumbre que mantendrá a lo largo de su vasta carrera, en la que grabaría cerca de 50 discos. Otro género al que dedicó mucho espacio fue al mambo, que triunfaba por esos años, sobre todo en el continente gracias a otro cubano célebre, el matancero Dámaso Pérez Prado, quien ya causaba estragos sobre todo en México y La Habana.
Este excepcional cantante cuyo estilo particular marcó pauta, también difundió a los mejores compositores latinoamericanos de boleros, en especial a los cubanos, de los que fue un valioso promotor internacional como bien han referido no pocos de ellos.
Grabó numerosos álbumes a lo largo de su exitosa vida profesional y mereció muchísimos premios por la venta de sus gustadas grabaciones, particularmente en el mundo latino. Entre ellos varios Discos de Oro por algunas como “Añorado encuentro”, “Envidia” y “Los aretes de la luna”, reunidas en álbumes como: Lo mejor de Vicentico Valdés, Clásicos de Vicentico Valdés con la Orquesta de Bobby Valentín y Canciones premiadas de Vicentico Valdés.
Justamente Vicentico cantó diversas canciones de algunos de los mejores compositores del feeling, entre éstos los renombrados autores cubanos Gerardo Piloto y Alberto Vera, Marta Valdés, René Touzet, Armando Peñalver, Luis Yáñez, Jorge Zamora, José Antonio Méndez, Ángel Díaz y otros. Uno de esos valiosos números le valdría en 1958 un Disco de Oro, cuya réplica llevara desde entonces colgada al cuello. El éxito fue “Añorado encuentro”, del binomio Piloto y Vera que nadie, ni siquiera después, cantaría como él.
Sentía un orgullo y satisfacción tal por esta canción como con ninguna otra, aunque más tarde se enamoró de otras dos, igualmente famosas, que hizo suyas en su voz: “Envidia” y “Los aretes de la luna”. Con éstas conformaría la tríada de su repertorio preferido, según confesara el propio Vicentico en diversas entrevistas de la época.
Este nuevo acercamiento a la obra del célebre cantante cubano nos llega de la mano del experimentado investigador musical Jorge Rodríguez, quien ha sido premiado en varias ediciones de Cubadisco gracias a su minuciosa labor de selección musical. Aquí convergen diversas canciones que brillaron en la voz de Vicentico a lo largo de su carrera, como “Plazos traicioneros” (Luis Marquetti), “Me faltabas tú” (José A. Méndez), “Cómo fue” (Ernesto Duarte) y “Añorado encuentro” (Piloto y Vera).
Este fonograma integra la famosa y vasta colección “Las voces del Siglo”, que trata de enmarcar discográficamente a los mejores exponentes de la música popular cubana de todos los tiempos, haciendo énfasis en las décadas de los 40, 50 y 60. Encontraremos aquí diversas orquestaciones que se deben a las diferentes épocas en que fueron grabadas estas canciones, y que al estar compiladas en un mismo CD tienen, obligatoriamente, un sentido y una coherencia musical. Pero aquí hallaremos boleros con Conjunto, con orquesta tipo jazz band y con extrema variedad sonora, como el uso de violines, bongoes, flauta, piano, trompetas y saxofones por ejemplo, ofreciendo una riquísima gama musical, y que denota las diversas etapas interpretativas de Vicentico. Este es uno de los mayores logros del disco: la inclusión de varias grabaciones pertenecientes a distintas épocas, pero con el cuidado de preservar una unidad y un sentido musical determinado.
Otra característica notable de esta entrega es su diseño, recreando una antigua foto del cantante y que gracias a un trabajo de arte encomiable de Alberto Medina Peña, logra romper con lo tradicional de los trabajos compilatorios a los que estamos acostumbrados. Contribuyen al rotundo éxito del disco las acertadas notas discográficas (y musicológicas, añado yo) del gran amigo y conocedor musical, fonográfico y musicólogo Pepe Reyes Fortún, quien nos alumbra en la vida y obra del gran músico cubano teniendo el gran reto de hacerlo de manera sintética por el poco espacio que físicamente traen los CDs para este tipo de empeños.
Vicentico Valdés, murió en New York el 26 de junio de 1995, y hoy sigue siendo uno de los preferidos no sólo de nuestros padres y abuelos, sino de muchos jóvenes que se acercan al bolero gracias a su inusual manera de interpretarlo.
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