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El tiempo y la memoria |
Pio Leiva
Por José Manuel
García Suárez
El pasado 5 de mayo se cumplieron 91 años del nacimiento de Pío Leyva, una de las voces soneras más sobresalientes del pasado siglo, que inició su carrera artística como bongosero de la orquesta Siboney, luego de lo cual integró como cantante varias agrupaciones de Morón, su ciudad natal, entre las que se cuentan las orquestas de Jesús Montago, Raqueteros del Swing, Paseiro, y el Sexteto Colón. Más adelante se traslada a la ciudad de Camagüey, capital de la provincia en aquel entonces, e ingresa en la orquesta Hermanos Licea, y posteriormente en el Conjunto Caribe de Juanito Blez, adquiriendo la experiencia necesaria para iniciada la década de los cincuenta, lanzarse a conquistar la capital como parte de la Orquesta Hermanos Martín.
Se establece definitivamente en La Habana en 1957, momento a partir del cual desencadena una fructífera carrera discográfica como artista exclusivo de RCA Victor, la cual lo va a consolidar como un sonero de categoría y fabuloso improvisador, siendo llamado en incontables ocasiones como invitado a participar en grabaciones de las más renombradas agrupaciones.
Para sus primeras sesiones de estudio contó nada menos que con el acompañamiento de Bebo Valdés, un sólido inicio que le permitiría asegurar el éxito de temas como Con cocaleca y cangrejal, Abre que voy, Chapaleando, Nadie baila como yo y Sin caña y sin platanal; a los que seguiría su primer LP junto a la orquesta de Mariano Mercerón, titulado: Soy de Jaronú; así como grabaciones junto a las orquestas Cosmopolita, Monumental y Novedades.
Por esa época grabó muchos temas también a dúo con Francisco Repilado, entre los que sobresalen títulos como Filiberto, Un jardinero de amor, Chicharrones con tostones, Pena, Francisco Guayabal y De Jatibonico a Bolondrón, todos recogidos en el álbum Grandes Éxitos de Compay Segundo (CD 0286), editado en compacto en 1997.
Su voz está diseminada en un gran número de discos de gran significación dentro del catálogo EGREM, como las históricas grabaciones de las Estrellas de Areito (CD 0142); el álbum Oro de Cuba (CD 0289); y las compilaciones Son del mundo (CD 0393), De Cuba Son (CD 0397), Cubanos y famosos (CD 0431), y El gran tesoro de la música cubana. Siendo editado en 1998 el disco El montunero de Cuba (CD 0322), antología que recoge una amplia selección de sus éxitos.
En 1996 Juan D’ Marcos González le invita a tomar parte del proyecto Afrocuban All Stars, lo cual va a constituir un nuevo aire en su vida artística, que lo inserta una vez más y por espacio de casi diez años de forma intensa en el mundo de las presentaciones internacionales y los estudios de grabaciones; esfuerzo que se vería recompensado con el codiciado Grammy.
Afortunadamente ni la fama atesorada en tantos años de venerable carrera, ni los éxitos alcanzados casi al final de su vida junto al Buena Vista Social Club, empañaron la sencillez, la gracia y en particular la cubanía, con las que Pío Leiva, tabaco en mano, solía invadir los viejos estudios de San Miguel y Campanario, su querido Areito, testigo de tantas horas empleadas detrás de los micrófonos para dejarnos disfrutar hoy de joyas compuestas e interpretadas por él como Francisco Guayabal, De Jatibonico a Bolondrón o La alegría del montuno.
Falleció el 23 de diciembre de 2006, cerrándose con él otro importante capítulo de la música cubana, que vio partir a un verdadero artista de pueblo.
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